Entendiendo cómo funciona nuestro cerebro

Cuando sentimos, pensamos y reaccionamos, no todo el cerebro va al mismo ritmo.
A veces nos pasa algo que no terminamos de entender.
Sabemos lo que sería mejor hacer, pero reaccionamos de otra manera.
Intentamos tranquilizarnos, pero el cuerpo sigue en alerta.
Podemos explicarnos lo que ocurre y, aun así, la sensación interna no cambia.
Es como si dentro de nosotros no todo respondiera del mismo modo.

Entender cómo funciona nuestro cerebro
Nuestro cerebro no funciona como una única estructura que piensa, siente y decide de forma uniforme. Diferentes áreas participan constantemente en cómo respondemos a lo que vivimos.
Hay zonas más profundas y automáticas, como el tronco del encéfalo, encargadas de funciones básicas de supervivencia y de poner el cuerpo en marcha cuando detecta peligro.
Otras estructuras, dentro del sistema límbico, como la amígdala o el hipocampo, procesan emociones, almacenan recuerdos y conectan lo que está ocurriendo ahora con experiencias previas.
Y después está la corteza cerebral, especialmente la parte prefrontal, que nos permite reflexionar, analizar lo que ocurre, poner palabras a la experiencia y tomar decisiones más conscientes.
Todo esto funciona de forma integrada, aunque no siempre todos los sistemas participan con la misma intensidad.
Cuando la parte automática toma el mando
En determinadas situaciones, la parte más primitiva se activa primero. No se detiene a pensar. No analiza. Actúa. Su función es detectar rápidamente si algo puede suponer una amenaza y preparar al organismo para responder.
En ese momento, el cuerpo se activa: cambia la respiración, aparece tensión, aumenta la urgencia por hacer algo.
Y la parte más reflexiva, la que piensa y organiza, queda en segundo plano. No desaparece, pero pierde capacidad para influir en lo que está pasando.
Por eso, en esos momentos, pensar con claridad resulta mucho más difícil.
Cuando entendemos lo que pasa pero no cambia cómo se siente
También ocurre algo que suele desconcertar. Sabemos perfectamente lo que nos pasa. Podemos explicarlo, darle sentido, incluso ver que no hay un peligro real. Pero el cuerpo sigue activado o aparece un malestar que no termina de desaparecer.
Esto tiene que ver con cómo funcionan el sistema emocional y la memoria.
El cerebro no responde solo a lo que está ocurriendo ahora, sino también a lo que, de alguna manera, se parece a lo que ya se ha vivido antes.
A veces se activan experiencias pasadas que no han sido del todo elaboradas o integradas. No aparecen como un recuerdo claro, sino como una sensación, una reacción o una intensidad que parece mayor de lo que la situación actual justificaría.
Y por eso, aunque entendamos lo que pasa, hay algo dentro que sigue reaccionando como si aquello estuviera ocurriendo de nuevo.
Cuando comprender no produce un cambio inmediato
Muchas veces pensamos que, si logramos comprender lo que nos ocurre, automáticamente deberíamos empezar a sentirnos diferente. Como si ponerle palabras a una experiencia fuese suficiente para modificar cómo la estamos viviendo internamente.
Pero nuestro cerebro no siempre funciona de esa manera.
Podemos entender perfectamente por qué sentimos miedo, ansiedad o bloqueo. Podemos reconocer de dónde viene, qué lo desencadena o incluso anticipar cómo vamos a reaccionar. Y, aun así, seguir sintiendo exactamente lo mismo.
Esto ocurre porque comprender algo a nivel racional no significa necesariamente que todo nuestro organismo haya podido adaptarse a esa información.
A veces entendemos mucho antes de que nuestro cuerpo pueda sentirse realmente seguro.
Y por eso, en determinadas situaciones, saber lo que nos pasa no siempre cambia inmediatamente cómo nos sentimos.
¿Y qué podemos hacer con esto?
Claro que entender cómo funciona nuestro cerebro no hace que todo cambie de un día para otro.
Pero sí cambia algo importante: la manera en la que empezamos a relacionarnos con nuestra propia experiencia.
Cuando entendemos que determinadas reacciones no aparecen porque “algo está mal” en nosotros, sino porque nuestro sistema nervioso está activando respuestas que en algún momento tuvieron una función de protección, la mirada cambia.
Empezamos a dejar de luchar tanto contra lo que sentimos.
Podemos aprender a observar con más curiosidad qué se está activando en nosotros, qué señales nos está enviando el cuerpo y qué puede estar necesitando nuestro sistema en ese momento.
A veces el primer paso no consiste en intentar cambiar lo que sentimos.
A veces el primer paso es comprender por qué nuestro organismo está reaccionando así.
Algo con lo que quedarnos
No siempre necesitamos preguntarnos “¿cómo hago para dejar de sentir esto?”
A veces la pregunta más útil puede ser otra.
¿Qué se ha activado en mí para que mi organismo esté reaccionando así?
Porque entender cómo funcionamos por dentro no hace cambiar automáticamente lo que sentimos.
Pero sí puede ayudarnos a empezar a escucharnos desde un lugar diferente.



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